• Constanza Pedrosa

Terapia Feminista

Hoy en día nos encontramos con dinámicas condenadamente machistas y paternalistas en las consultas de los psicólogos. A veces son sutiles y otras como un martillazo en la sien.


Recuerdo que hace unos tres años atrás me presenté en la consulta con una psicóloga que me habían recomendado como una eminencia en “relaciones toxicas” (y como yo venía de una relación bastante insalubre y estaba comenzando una nueva relación, quería encontrar una profesional que pudiera ayudarme a trabajar sobre esto). Una sola consulta fue suficiente para no querer volver más. En la primer sesión cuando le hice un resumen de cual era mi pasado y cuál era mi momento actual, además de decirme que a mi ex yo debía agradecerle su maltrato porque eso fue lo que me mantuvo enfocada (al día de hoy sigo pensando que me habrá querido decir ya que justificar una situación de maltrato desde el trono de psicólogo es algo muy grave y peligroso, a mi parecer una verdadera aberración), en un momento cuando le dije que a mí no me gustaba que me pagaran las salidas su respuesta fue: (va descripción literal): “Ah no no, vos TENES que dejar que te paguen, porque sino a tu pareja es como que LE CORTAS LA PIJA”, “eso hacemos las mujeres, dejamos que nos paguen y vos si queres le agradeces cocinando algo o algún día lo invitas al cine”. Salí completamente indignada y sorprendida de que una mujer me estuviera diciendo algo semejante.


Así como me pasó a mí, creo que hay muchas mujeres que reciben estos mensajes y que al comienzo no han sido conscientes de su importancia y/o que después de un tiempo han entendido de que el trato recibido en la consulta no estaba exento de juicio.

Negligencias como estas pueden llevarnos a dejar la terapia sin apoyo ni comprensión, con nuestros problemas sin resolver e incluso agravados, y con poca o ninguna gana de volver a pedir ayuda. Es de manual que los profesionales, además de tener estudiado lo que pasa en la psique, también sepamos dejar nuestros prejuicios en casa. Es importante también que tengamos conocimientos y herramientas que nos permitan analizar la realidad a nivel social, cultural y político.


Gracias al auge del feminismo podemos entrever las vigas que sostienen una estructura social desigual. El feminismo sirve, también, como herramienta de análisis de la realidad. Gracias a él muchas mujeres hemos sido conscientes de cómo la construcción de nuestro sufrimiento interno está en parte determinada por ciertos malestares externos como la desigualdad, la violencia o el machismo.


La psicoterapia, cuando está atravesada por la perspectiva feminista, contiene un marco interpretativo más amplio, en él se tendrán en cuenta los procesos sociales, políticos e históricos en los que están inmersas las personas que acuden a consulta.


Cuando la terapia, independientemente del modelo terapéutico elegido, está atravesada por el feminismo, se entiende que han de cumplirse ciertos requisitos que garanticen un análisis más profundo de nuestra realidad: se reconocen, por ejemplo, las diferentes opresiones a nivel sexo, género, orientación sexual, raza, clase, etc., teniendo en cuenta las relaciones de poder que conllevan y sus implicaciones psicológicas. Y se tiene en cuenta, por supuesto, que la ciencia no está exenta de androcentrismo y que no sería la primera vez que se consideran patológicos temas como la homosexualidad o la transexualidad.


Esto deja en evidencia la importancia de encontrar profesionales cuyo juicio implacable no filtre paternalismo y fascinación; profesionales que tengan a mano una caja de herramientas lo suficientemente amplia como para que abarquen diferentes visiones del mundo que nos rodea.


Ilustración: Pri Barbosa @priii_barbosa

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