• Constanza Pedrosa

Recalculando


Como psicóloga y expatriada, acompañé y acompaño a muchas personas que por diferentes razones han decidido cruzar fronteras en busca de experiencias nuevas o de una vida mejor. Fui y soy testigo de grandes transformaciones personales fruto de una toma de conciencia de que el movimiento migratorio intima a desarrollar recursos que en la antigua zona de confort no aparecían.


"Cambiar de escenario" es una gran oportunidad para redefinir la propia identidad.

Saber que aquello que nos define es maleable y flexible, nos da permiso para sentirnos diferentes, desconocernos de a momentos y sostener, sin estallar de ansiedad, la indefinición que supone romper una identidad anterior y reorganizar otra.


Cuando hablamos de identidad no podemos dejar de decir que somos en función de un determinado contexto al cual nos hemos identificado. De hecho, cuando hablamos de nosotros ante los demás nos llenamos de etiquetas que sentimos que nos representan. Y cuando el contexto cambia, sentimos tambalear nuestra identidad. A veces estos cambios despiertan ansiedad y puede que durante un tiempo nos sigamos definiendo de formas que ya no somos, que han quedado atrás, que ya no nos identifican.


Ante la situación de estar viviendo en el exterior, es bueno que nos preguntemos ¿quien estoy siendo hoy?



Ponerse al día con quienes nos sentimos ser en la actualidad, nos ayuda a hacer el duelo por una identidad que quedo atrás y nos da permiso para ser de muchas maneras sin temor a perdernos o sentirnos extraños de nosotros mismos. Porque en verdad, algo que nos ha identificado en un determinado momento de la vida, no necesariamente es nuestra esencia real, ya que esta sigue siendo la misma y no se ve amenazada por cambios externos. Cuando logramos ver esto y estar en nuestro centro, podemos reconocer que todo lo demás son como trajes que nos sacamos y nos ponemos. Y expatriarnos es parte de esto, ya que exige un tiempo necesario para ponernos una ropa que nos siente bien y que convine con quienes elegimos ser de ahora en más. Cada uno debe preguntarse con total honestidad ¿qué ajustes necesito hacer en mi personalidad para sacarle jugo a esta experiencia?

Los cambios externos son estímulos extraordinarios para realizar cambios internos que quizás veníamos postergando. Cuando el cambio de país se acompaña de un cambio interior en proceso de transformación, el crecimiento puede ser exponencial y se convierte en una gran oportunidad para expandir nuestra identidad.

¿Qué puede ayudar a encontrarte viviendo en el exterior?


TIEMPO: No hablar el idioma con soltura, sentirte perdido respecto de la vida local, sus códigos, su cultura, puede despertar ansiedad y hacernos olvidar que adaptarse a la vida en otro país, es parte de un proceso que lleva tiempo. Cuando la ansiedad te invada, hace una pausa y responde la pregunta ¿cuál es el apuro? ¿por qué presionarme tanto? Disfruta de lo nuevo, de asombrarte de lo que te resulta extraño. No apresures esta instancia, quizás por querer acelerar las cosas, te vas a perder de experiencias y aprendizajes que te podrían servir de mucho más adelante.

EXPECTATIVAS: Vivir afuera es un cambio radical pero no va a transformar tu vida de la noche a la mañana. Las ambiciones deben ir de la mano de los esfuerzos que cada persona esté dispuesta a realizar. No es adecuado plantearse ideales demasiados elevados que luego resulten muy distantes respecto de la realidad. Considerar la posibilidad de que el primer tiempo sea difícil forma parte de afrontar el desafío con un ajustado criterio de realidad.

EMOCIONES: Es esperable que las emociones se superpongan unas con otras y se contradigan entre sí. En un mismo día podemos sentir ansiedad, tristeza, arrepentimiento, gratitud, nostalgia, esperanza. Date el permiso para aceptar cada emoción que nos habita, escuchar su mensaje es una oportunidad para conocernos y re-conocernos en esta nueva etapa.

Tené en cuenta que son muchos los duelos por hacer (por los amigos y la familia que están lejos, por ciertos hábitos, costumbres y tradiciones que van quedando atrás). Todo se siente en intensidad, las emociones se magnifican en momentos de transición. No es raro que algunas veces nos sintamos en la cima y otras veces a la deriva. Una decisión inteligente es pedir ayuda a un profesional que nos acompañe en esta etapa, no necesariamente porque no podamos afrontar solos las circunstancias sino porque una buena guía nos ayuda a no perder lucidez y poner luz en lo que todavía no cuesta ver.

CONOCER GENTE: Tender redes con personas locales posibilita ir creando de a poco pertenencia. También abrirnos a nuevos vínculos nos ayuda a no idealizar los que quedaron en nuestro país. La apertura y la iniciativa es fundamental. No esperes a que te encuentren, súmate a actividades, reuniones, encuentros de intercambio de idioma de donde pueden surgir encuentros significativos, datos, información, contactos que quizás sean de mucha ayuda y ¿por qué no? ser el inicio de buenas y profundas amistades.

HABITOS Y RUTINAS: Esta organización previa resulta de gran utilidad para poner algo de estabilidad en medio de tantos cambios y vaivenes emocionales. Además nos ayuda a dejar de sentirnos “visitantes” y comenzar a tejer una vida “real” ahí, una vida de todos los días pero ahora en un nuevo lugar. Hacer listas de cosas que tenemos que resolver e ir tildando nos devuelve la sensación de que estamos avanzando en nuestro proceso de adaptación.





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