• Constanza Pedrosa

DIARIO DE UNA ARGENTINA

Actualizado: 20 nov 2018


Esta es la carta de una argentina que desea irse a vivir al exterior y comparte sus sentimientos. ¿Te sentís identificad@?

El mundo en la palma de tu mano
¿Estás listo? Entonces, que se haga pequeño

No se que me pasa, tengo trabajo, gano muy bien, tengo amigos de oro y una familia encantadora… sin embargo siento que me falta algo. No me encuentro. Siento que quiero conocer el mundo, llenarme la vida y los ojos de experiencias, momentos y aprendizajes… pero ¿Cómo? ¿Cuando? ¿Dónde? Todo eso que leo en los libros, Internet o las películas… ¿puede ser real? ¿Realmente alguien puede iniciarse en esa aventura o estilo de vida? ¿Es posible hacerlo?

Mi papá dice que eso de “conocer el mundo” es infantil, ¿por qué? ¿Por qué uno tiene que crecer y hacer las cosas bajo la norma? ¿Por qué no puedo realizar mi propio camino? ¿Por qué mi deseo es infantil y desacreditado y el del otro no? ¿Qué lo hace menos serio? ¿Qué lo hace algo infantil? Me parece que esto no es para cualquiera y que no todos pueden entenderlo, me encantaría encontrar gente que entienda este deseo, esta forma de vida…

Si yo pudiera explicarles a ellos esa sensación que corre en el pecho, en la piel, en los ojos al conocer nuevas ciudades, montañas, mares, playas hermosas, lugares tan distintos a lo que uno conoce como rutina. Si yo pudiera explicarles cómo se me agudizan los sentidos en cada lugar nuevo que conozco, que leo, que escucho. En que los aromas me llevan a viajar por todo el mundo o en que amo sentarme a escuchar historias de la gente y sus lugares, sus historias, hacer preguntas.

Quiero viajar para aprender, para descubrir, para entender quién soy y quien quiero ser.

Quiero salir a la calle y no sentir miedo, quiero vivir tranquila.

Quiero caminar y gastarme los pies de tanto hacerlo. Perderme sin miedo. Comer, asombrarme de la comida y sus sabores. Comer allá lo que nunca comería acá. Quiero sentir que exprimí cada día y cada noche y que no fue solo una rutina más, y que el día paso, así como nada más. Quiero hacer el ridículo y que no me importe. Enamorarme por un par de días. Amar en otro idioma. Hablar en lenguas, señas, gestos, pero entendernos.

Lo decidí, lo voy a hacer. Voy a hacer eso que tanto deseo y proyecto en mi mente una y otra vez, casi con la misma exactitud cada vez.

Lo voy a hacer, con humildad, que es lo que garantiza la capacidad de asombro. Me voy a asombrar de lo épico y de lo simple, de lo extraordinario y de lo mundano, de los olores, de los colores, de la naturaleza y de lo que la gente hace con la naturaleza. Del arte, del caos, del futuro y del pasado, de lo exquisito y lo repugnante.


Acá estoy, lista para aprender sin soberbia y dejándome llevar una y otra vez por el asombro, que es lo que hidrata al alma y el cerebro.


Estoy lista. Que el mundo se haga más pequeño, acá en la palma de mi mano.

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