• Constanza Pedrosa

Abriendo camino a lo nuevo


Cuando tomamos la decisión de vivir en otro país, una de las tantas circunstancias a las que nos enfrentamos es a SOLTAR. Soltar nuestra casa, nuestro trabajo, nuestro lugar de origen, nuestra familia o amigos, como así también debemos soltar aquellas emociones o sensaciones que no nos permitirán crecer y reencontrarnos en nuestro nuevo hogar.

Debemos soltar nuestra zona de confort, ese lugar conocido, para lanzarnos hacia lo nuevo, hacia la incertidumbre.


Aprender a soltar implica deshacernos de todo aquello a lo que nos apegamos.


Aprender a soltar nos lleva a abandonar la presión interna, es como dejar caer el peso de la mochila que llevamos en nuestra espalda. Esta liberación genera gran alivio y ligereza.

Por supuesto, que a veces “soltar” no es tarea sencilla, lo importante es estar dispuestxs a viajar ligerxs de equipaje. Sintiéndonos mejor cada vez que liberamos aquello que nos pesa tanto.


¿POR QUÉ NOS CUESTA SOLTAR?

Detrás de todos nuestros “no es tal fácil dejarlo ir”, “no sabes lo que estoy sufriendo”, “no sé cómo se hace”, están miedos profundos, heridas no resueltas y deseos como:

  1. El miedo al cambio.

  2. El miedo a perder.

  3. El deseo de control.

  4. El deseo de aprobación.

  5. El miedo a no conseguir lo que deseamos.

Hasta que no hayamos reconocido y observado nuestros sentimientos no podemos soltarlos. Cualquier emoción que nos llegue a la conciencia y que no soltemos se almacenará en el inconsciente. Por esto es importante saber que contamos un mecanismo para atravesarlas y liberarlas en cualquier momento. Cuando somos conscientes de la culpa, el sufrimiento, el miedo y de las creencias limitantes podemos elegir deshacernos y liberarnos poniendo en práctica este mecanismo de soltar.


Soltar no es perder.
Es abrirse a incorporar algo nuevo.

Tenemos resistencia a soltar porque creemos que si no nos mantenemos presionando sobre nuestros deseos y expectativas no conseguiremos lo que queremos.

Pensamos que nuestra felicidad depende del control de los acontecimientos, y son estos los que nos molestan, pero no es así. Lo que realmente nos molesta son los sentimientos y pensamientos acerca de estos hechos. El poder que le damos a cada situación depende de nuestra actitud de aceptación o no y de nuestro estado emocional.

¿Por qué nos quedamos enganchadxs o atrapadxs en un sentimiento? Porque creemos que lograra algo para nosotrxs. Es decir, encontramos ganancias secundarias (atención, valoración, comodidad, evitación…) al mantener ese sentimiento, aunque nos dañe.


Existen dos caminos que podemos tomar:

Un camino donde convives, te adaptas a los cambios que se te presentan, vas soltando las piedras de tu camino y deshaciéndote de creencias, prejuicios y tradiciones cuando supongan un obstáculo en tu crecimiento.

El otro camino nos refleja el aferramiento a nuestro sistema de creencias, el apego a cada piedra del camino y nuestra inflexibilidad a las circunstancias cambiantes del entorno.


La elección es tuya.

Observa y date cuenta que son dos interpretaciones de cómo podemos vivir cada día. Vos decidís cual te trae más libertad y satisfacción.


Soltá los sistemas de creencias, los esquemas mentales y los conceptos. Soltá las imágenes y las formas. Soltá las palabras que crees que te atacan… para ser feliz y poder vivir plenamente en tu nuevo hogar.


Soltá inercias, comodidades y protecciones con las que te encerras a vos mismx en el cartel de tus miedos. Soltá todos los cuentos que te contaron, te contas y que te siguen contando para no lanzarte hacia todo eso que queres.


Soltá los deberías y las creencias erróneas de tus pensamientos - no soy capaz, no puedo hacer eso, no soy inteligente...- .

Soltá el miedo a lo profesional. Soltá esa la imagen negativa que te creaste de vos.


Soltá expectativas.


Soltá la necesidad de que las cosas tengan que ser de otra manera. Soltá la culpa, el enojo, la bronca, todo lo que provoca resistencia.


Soltá y solo así vas a dejarle lugar a lo nuevo.



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